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Leptospirosis

Nov 13 '17 | por My Animal LIFE

La Leptospirosis afecta a diversas especies de mamíferos, incluido el perro. La misma puede tener un curso agudo, subagudo o crónico. En algunos casos evoluciona en forma subclínica. Es producida por diferentes serogrupos de Leptospira. Se caracteriza por la presencia de anemia, ictericia, trastornos digestivos, fiebre alta, insuficiencia renal crónica, miosis, iritis y otros, que pueden ocasionar hasta la muerte del animal. Se han referido además la deshidratación y los temblores musculares.

El diagnóstico está basado en la sintomatología y los cambios patomorfológicos, la demostración histológica de leptospiras en el riñón o el hígado, la serología; así como la evaluación de la situación epizoótica. El tratamiento sintomático rápido y adecuado con antibióticos puede reducir la mortalidad. La terapia de sostén comprende la corrección de la deshidratación y el desequilibrio electrolítico.

 

Leptospira pomona:

La enfermedad se asocia principalmente con degeneración crónica del riñón. Hay derramamiento de leptospiras en la orina que puede continuar hasta después de un año. La enfermedad aguda en el perro es más frecuente en edades de 1 a 3 años. Los perros portadores de infecciones residuales de L. canicola, en los riñones pueden continuar eliminando los microorganismos en la orina durante 3 años. La localización en los riñones puede ser una secuela de un curso subclínico benigno, así como el de uno agudo.

 

Trasmisión

La transmisión puede ser:

- Indirecta: a través de aguas de los suelos contaminados por la orina de los huéspedes convalecientes o crónicos y reservorios.

- Directa: por manipulación de animales o fetos contaminados, por vía venérea cuando los genitales están contaminados, con restos de orina infectados, contacto hocico-rabo.

- Transplacentaria: el pase de las leptospiras está condicionado por los cambios degenerativos que ocurren en la placenta al final de la gestación.

- Otros: Se ha descrito también la infección por medio de vectores: garrapatas, mosquitos chupadores de sangre.

 

Los roedores constituyen el reservorio más importante, y muchos científicos consideran que sirve universalmente de fuente originaria de la infección. La infección con Leptospiras se produce generalmente por contacto indirecto con el agua, el suelo o alimentos contaminados con la orina infectada de los animales portadores silvestres y domésticos. Estos excretan en sus orinas hasta 100 millones de leptospiras por mililitro.

La enfermedad también se transmite en forma directa por contacto con la orina o tejidos de animales infectados. La enfermedad es una antropozoonosis en la que el microorganismo se mantiene en la naturaleza, transmitiéndose de un animal a otro, constituyendo el hombre, salvo raras excepciones, un extremo muerto de la cadena de transmisión. El contagio interhumano prácticamente no existe.

 

Patogenia

Las leptospiras patógenas penetran en el organismo por heridas o abrasiones en la piel, a través de las membranas mucosas y de la conjuntiva, o por inhalación de gotas o aerosoles que las contengan. Adicionalmente puede ocurrir la transmisión transplacentaria, venérea, y por las lesiones causadas por mordeduras. Se difunden a partir del punto de penetración sin producir lesiones, invadiendo inmediatamente la corriente sanguínea en la que se multiplican, dando origen a la fase de leptospiremia que ocurre entre los 4 y los 12 días post-infección. En esta primera fase clínica hay presencia de leptospiras en sangre y líquido cefalorraquídeo. A continuación se presenta lo que se ha denominado fase de formación de anticuerpos que se inicia aproximadamente al final de la primera semana y se extiende hasta el final de la segunda semana cuando la fase septicémica remite. Los microorganismos desaparecen de la sangre y del líquido cefalorraquídeo; se localizan muy particularmente en los riñones, lo que da lugar a la tercera fase o de eliminación, que puede tener carácter continuo o intermitente. Su eliminación es prolongada; dura hasta meses después de la recuperación del perro.

Las leptospiras se multiplican en el epitelio de los tubos renales causando daño e insuficiencia renal, especialmente L. canicola. Por otra parte su localización se produce en el hígado lo que sin dudas complica el cuadro y el desenvolvimiento clínico. Resulta en una necrosis hepática aguda, fibrosis hepática y ocasionalmente hepatitis crónica activa. Típicamente la infección es subclínica en perros vacunados (inmunes) y perros adultos.

 

Síntomas:

La enfermedad puede ser latente o aguda, los signos clínicos están relacionados con desordenes del hígado, riñón y vasculares. A menudo las primeras manifestaciones observadas son: anorexia, vómito, fiebre, hiperemia de las mucosas, debilidad, depresión, adinamia, anuria, oliguria, ictericia, diarreas, convulsiones, glositis, estomatitis, dolor a la palpación renal y apatía. Posteriormente el proceso promueve una gastroenteritis hemorrágica, mialgia, poliuria, polidipsia, hipotermia, estomatitis necrótica e ictericia marcada.

Las infecciones por L. icterohaemorragiae cursan con una ictericia marcada, mientras en las que son provocadas por L. canicola no se presenta ictericia. La enfermedad puede desarrollar el síndrome de coagulación intravascular diseminada (CID) causada por el síndrome urémico-hemolítico. Los signos de CID incluyen hemorragias petequiales o equimóticas, hematemesis y epístasis.

Existen las manifestaciones ocasionadas como el aborto, crías muertas y meningitis. La enfermedad latente afecta mucho el riñón. La infección no es evidente. La nefritis crónica puede cursar durante años en determinadas circunstancias. Se han referido además la deshidratación y los temblores musculares.

 

Diagnóstico de la enfermedad.

El diagnóstico comúnmente está basado en la sintomatología y los cambios pato morfológicos, la demostración histológica de leptospiras en el riñón o hígado, y la serología; así como una consideración de la situación epizoótica.

- Diagnóstico epidemiológico 

- Diagnóstico clínico-sintomatológico 

- Diagnóstico Bacteriológico

- Diagnóstico serológico.

 

La prueba de MAT se emplea para detectar anticuerpos leptospirales en el suero, identificar los aislamientos de leptospiras y clasificar cepas, además de servir de base para evaluar cualquier otro método serológico nuevo para el diagnóstico de la enfermedad. Generalmente se detectan anticuerpos por ésta prueba después de la primera semana de la enfermedad, los que alcanzan los títulos máximos alrededor de la tercera o cuarta semana. 

Dentro de las otras pruebas que se han empleado se incluyen la prueba de aglutinación macroscópica en placa, de fijación de complemento con antígenos desintegrados por vibraciones ultrasónica, y de hemoaglutinación; y más recientemente se ha descrito la contrainmunoelectroforesis y la técnica de anticuerpos fluorescentes en suero y tejidos.

 

- Otros diagnósticos:

 

En 1984 se describió un método de ELISA  para la detección de inmunoglobulinas M y G anti-leptospiral específico en el suero de perros durante la infección y la vacunación. Esta prueba, aunque no es disponible como el MAT, ayuda en la diferenciación.

Existen técnicas como el PCR que también se ha aplicado al estudio de la Leptospira. Existen estudios recientes en que se utiliza la PCR para identificar la presencia del microorganismo en tejidos y orina de animales vacunados con el propósito de saber si la bacterina fue capaz de evitar la infección o solamente la enfermedad.

Con la aparición de la prueba de PCR, la detección rápida de género y serovar específico de leptospiras a partir de especímenes clínicos debería ser posible. Este método está siendo más utilizado en laboratorios de diagnóstico y permite una identificación precisa y rápida, no obstante el método de referencia es aún la MAT.

 

- Diagnóstico mediante otras pruebas complementarias, como; Hematológicas, Químicas, Urianalisis.

- Diagnóstico Anatomopatológico: Los ganglios linfáticos pueden estar hemorrágicos. Otros cambios incluyen petequias y equimosis sobre muchas serosas, los pulmones pueden estar edematosos. Se pueden ver ulceraciones focales de la cavidad bucal o la lengua en el animal urémico. La hepatomegalia y la ictericia son observaciones ordinarias en las infecciones con L. icterohaemorragiae , en tanto que unos riñones agrandados y pálidos son típicos de los cuadros inducidos por la L. canicola. Los casos crónicos tienen diferentes grados de nefritis intersticial.

 

Diagnóstico Diferencial: Al ser ésta una entidad que afecta varios órganos y sistemas con variadas formas clínicas, debe ser distinguida de numerosas otras entidades. Se debe diferenciar de aquellos procesos febriles, ictéricos, hemorrágicos, de procesos con alteraciones renales o meníngeas o una combinación de varias de estas manifestaciones.

 

Estas incluyen:

Moquillo canino: leucopenia, curva bifásica de temperatura, conjuntivitis purulenta.

Hepatitis contagiosa canis: al comienzo leucopenia, laringo-faringitis y amigdalitis como enfermedad secundaria, enturbamientos corneales, proteinuria. Además en esta hay falta de coagulación en la sangre, que en la Leptospirosis no se encuentra

Gastroenteritis: generalmente sin o solo con escasa nefritis.

Toxoplasmosis: examen serológico, raras veces proteinuria y nefritis. La forma gástrica es difícil de diferenciar clínicamente. En la leptospirosis la respuesta a los antibióticos generalmente es rápida.

 

Pueden ocurrir a la vez.

Listeriosis: examen serológico.

Ictericia: frecuentemente muy difícil de distinguir.

Nefritis

Intoxicaciones

Babesiosis

Ehrlichiosis

 

Tratamiento y Control.

El tratamiento rápido y adecuado con antibiótico puede reducir la mortalidad. Las leptospiras reaccionan in vitro mejor que otros microorganismos a la penicilina. El régimen terapéutico recomendado, según Ettinger (1992), comprende la combinación de dosis masivas de penicilina (50 000 UI/Kg) y la dihidroestreptomicina (25 mg/Kg), ambas por vía intramuscular por 7-10 días. Esto último es necesario para erradicar la colonización renal y la aparición de un estado portador. Cuando se aplican antes de que se presenten las lesiones irreversibles renales generalmente controlan la enfermedad y previene la localización de las leptospiras en los riñones. Otros autores han recomendado el uso de la penicilina y la estreptomicina como preparado mixto y las tetraciclinas. Cuando se presente nefritis aguda se utiliza la doxycyclina en vez de la tetraciclina .

Es importante el tratamiento sintomático. Esta terapia de sostén comprende la corrección de la deshidratación y desequilibrio electrolítico. En algunos casos se recomienda el uso de solución lactada sola o con dextrosa-salina, según el grado de afectación. En casos graves, muy ictéricos, se administra preparados de glucocorticoides. La transfusión de sangre puede ser necesaria cuando el hematocrito del paciente es muy bajo, y el uso de la vitamina B.

Otros tratamientos sintomáticos incluyen: el empleo de analgésicos antitérmicos y antieméticos como gravinol y metaclorpromacina. No es recomendable el uso de la aspirina como analgésico o antitérmico por su efecto antiagregante plaquetario, en pacientes con manifestaciones hemorrágicas o trombocitopenia.

 

Pronóstico

El pronóstico del padecimiento suele ser desfavorable. La mortalidad puede considerarse que alcanza del 30 al 50% de los enfermos de forma aguda y que son mantenidos de forma individual,  otros autores, refieren que la mortalidad rara vez excede el 10% de la masa si se toman todas las medidas de control contra la enfermedad en poblaciones grandes de animales, y es más frecuente las muertes en animales jóvenes. De forma general la tasa de letalidad es baja y que aumenta con la edad de los animales. El curso y severidad de la infección es a menudo dependiente del serovar responsable de la infección

 

Trastornos del sistema inmunológico.

En el primer caso, los anticuerpos transmitidos por la madre confieren, ciertamente, una protección limitada al cachorro, neutralizando al agente patógeno penetrado e impidiendo la enfermedad. No obstante, por otra parte, neutralizan también el virus vacunal, es decir que lo desvirtúan. En el segundo caso, la vacunación llega tarde, por haberse difundido ya los agentes patógenos durante la incubación, por lo que se produce la infección manifiesta.

Finalmente, la formación de sustancias protectoras depende del buen funcionamiento del sistema inmunológico del animal vacunado. Los trastornos de dicha función pueden surgir por debilitamiento, enfermedades, falta de maduración del sistema inmunológico, agammaglobulinemia e inmunotolerancia. De todos modos, los últimos dos factores de perturbación son raros en perros, por lo que las causas principales de una protección defectuosa después de la vacunación residen en los anticuerpos maternos e infecciones prevacunales.

Existen otros factores que pueden influir sobre la respuesta inmunitaria a la vacunación, entre ellos se debe considerar: el efecto inmuno-supresor específico o bloqueador de los anticuerpos del calostro, edad del animal, condición general y nutricional (salud), factores genéticos, influencia del sexo, tratamientos medicamentosos y vías de vacunación.

Existen ciertas combinaciones genéticas que pueden conferir al individuo una particular incapacidad para responder a un determinado agente infeccioso, dejando una falla en el repertorio que contiene y/o que pueda elaborar. Así, la existencia de genes altamente nocivos o la ausencia de otros puede llevar a drásticas disfunciones inmunitarias que se manifiestan como inmunodeficiencia primaria.

La velocidad de disminución de anticuerpos pasivos es inversamente proporcional al crecimiento canino, en las razas de rápido crecimiento se eliminan mas rápidamente los anticuerpos de la madre, lo que trae consigo una susceptibilidad más rápida a la enfermedad y receptividad a la inmunización.

 

Factores Genéticos

En general se sabe que las hembras de todas las especies mamíferas son más reactivas inmunológicamente que los machos. Esta diferencia se debe a la influencia de las hormonas sexuales, que han demostrado claramente afectar al sistema inmunitario a distintos niveles aunque el mecanismo o los mecanismos, a nivel celular no se conocen. Las hormonas sexuales esteroides sabemos que afectan a las células epiteliales del timo y la bursa de las aves, a macrófagos y linfocitos. La principal célula afectada parece ser el linfocito T, y hay evidencias que sugieren que las hormonas sexuales pueden alterar el balance entre las poblaciones T-helper y T-supresor. El hecho de que las hembras "respondan mejor" se debe a la producción diferencial de hormonas esteroides en los respectivos sexos y su influencia sobre los tejidos linfoides. Las hembras son más resistentes a los agentes infecciosos, pero, por otro lado, son mas propensas al desarrollo de enfermedades de tipo inmune.

 

Influencia del sexo

Las vacunas no deberán suministrarse concurrentemente con drogas inmunosupresoras tales como ciclosfosfamidas, azatiopeine, metrusato y corticoesteroides.

Hay varios fármacos que estimulan el sistema inmunitario. El primero que se utilizó fue el levamisol. Es un antihelmíntico de amplio espectro que funciona de manera similar a la hormona tímica timopoyética, es decir estimula la diferenciación de los linfocitos T y la respuesta a los antígenos. Además estimula la actividad fagocitaria de los macrófagos y neutrófilos. Sus efectos son mayores en animales con disminución de la función de los linfocitos T, y tiene poco o ningún efecto sobre el sistema inmunitario de los animales normales.

Otros inmunoestimulantes sintéticos son isopriversina que aumentan las funciones de los linfocitos T y la actividad de los macrófagos, y las avridina que es una amina lipoidea que refuerza la función de los neutrófilos cuando está deprimida .

 

Tratamientos medicamentosos

Hay diferencias significativas en la respuesta del huésped a ciertas vacunas y dependen de la vía de administración. Se ha reportado que para la vacuna contra la rabia, la vía intramuscular es mucho más efectiva que la subcutánea.

A partir de la vacunación vía subcutánea y la intravenosa en grupos de perros vacunados inoculados con cepas virulentas, se obtiene protección total después de la vacunación intravenosa en unas 48 horas y en 5 días por vía subcutánea. Como regla no se recomienda la vía intravenosa, solo en caso de urgencia. Se recomienda la vía intramuscular, la cual goza de preferencia. Además se pueden emplear por vía oral y oculonasal.

La inmunización oral no solo es menos eficaz que la parenteral, sino que se ha encontrado que la administración carece de efecto a menos que haya una inmunización intranasal simultánea. Se debe intentar proteger el sitio de infección, por tanto, la inmunización local puede ser más eficaz cuando el sitio primario de replicación es en el tracto respiratorio o gastrointestinal.

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